TrePando:  la comunidad donde más personas cosechan y comparten el conocimiento del bosque 

La innovación para mejorar la seguridad en la cosecha de frutos amazónicos también está abriendo espacios de aprendizaje para mujeres y jóvenes. Con el impulso de Conservación Amazónica–ACEAA, TrePando conecta a más de 400 integrantes que intercambian experiencias para cosechar, enseñar ycuidar el bosque.

Un arnés de seguridad sí puede cambiar la manera de subir a una palmera: permitehacer una pausa segura, descansar durante el ascenso y trabajar con un apoyo que antes no se tenía. Cuando su uso se acompaña deformación y práctica, también puede cambiar quiénes se animan a trepar y cómo comparten lo que saben. En Pando, esa innovación se ha convertido en el punto deencuentro de una comunidad que sigue aprendiendo después de cada taller. La comunidad digital se llama TrePando, inspirada eimpulsada por las acciones de un proyecto financiado por la agencia Francesa del Desarrollo y hoy forma partedel proyecto Pando Verde de Conservación Amazónica–ACEAA y reúne acosechadores e instructores que encuentran en el intercambio una manera de mejorar su trabajo. Pando Verde promueve elaprovechamiento sostenible de los frutos amazónicos para fortalecer la economía de las comunidades y contribuir a la conservación del bosque.

En TrePando hay personas con años de experiencia en el bosque, mujeres que empiezan a practicar y mujeres y hombres jóvenes que preguntan qué necesitan para convertirse en instructores. La seguridad y la practicidad del equipo abren una conversación que continúa con las técnicas de cosecha, el cuidado de las palmeras y las oportunidades que ofrecen sus frutos.

Abraham Poma, especialista forestal, y Arturo Rivera, especialista en productos forestales no maderables de Conservación Amazónica–ACEAA, explican que la comunidad de Whatsapp “TrePando” nació para mantener ese vínculo entre personas de localidades distantes. Además de recordar métodos de trepado en palmeras de asaí y palma real, buscaban un espacio donde los participantes pudieran mostrar cómo aplicaban lo aprendido en los talleres presenciales, resolver dudas y reconocerse como parte de un mismo oficio.

Hoy, su grupo de WhatsApp supera los 400 integrantes. Allí circulan fotografías, videos, consultas y experiencias. El intercambio conecta las prácticas de una comunidad con las de otra y permite que el aprendizaje encuentre continuidad en las jornadas de trabajo. El interés por cosechar se enlaza con las ganas de aprender, enseñar y cuidar las palmeras que hacen posible ese sustento.

Una formación que llega a más personas

Los datos de alcance compartidos para esta nota reúnen alrededor de 600 participantes, entre ellos unas 160 mujeres, en las áreas protegidas de Porvenir/Puerto Rico, Santa Rosa, Manuripi y la parte Este de Pando:  Santos Mercado, Ingavi, San Pedro y Nueva Esperanza. En estas zonas se reporta también la entrega de cerca de 480 kits de trepado. Los equipos se entregan únicamente a quienes participan en las capacitaciones para tener la seguridad de un buen manejo del equipamiento entregado que consta de un arnés o línea de vida diseñada específicamente para esta actividad (con patente), un machete, una bolsa de yute y botas de cuero y goma para el trepado.

La comunidad de intercambio y las capacitaciones tienen alcances distintos, pero comparten un propósito: que las personas apliquen lo aprendido y que algunas adquieran las capacidades necesarias para enseñarlo, pero sobre todo busca la representatividad de un sector muy poco visible. Las experiencias de Gabriela Rodríguez y Hugo Luis Vargas permiten ver cómo ese proceso toma forma en las comunidades.

Mujeres que se animan a trepar y enseñar

“Nosotros sí estamos realmente impulsando la participación de las mujeres”, afirma Arturo Rivera. Esa decisión institucional también se expresa en la forma de organizar las prácticas. Los especialistas describen situaciones en las que ellas se limitaban a observar o se sentían incómodas ante las burlas y comparaciones. Acompañarlas y procurar un ambiente de respeto ha sido parte del trabajo para que puedan participar.

La metodología también influye. Según las observaciones del equipo, disponer de un sistema que permite hacer pausas durante el ascenso ayuda a que algunas mujeres se sientan más seguras y se animen a practicar. Esa confianza requiere tiempo: quienes ya utilizaban otras formas de trepado también necesitan familiarizarse con el equipo y repetir las prácticas.

La presencia de Gabriela Rodríguez como la primera instructora mujer de trepado aporta a ese proceso. Los especialistas cuentan que trabajar con ella ha ayudado a que otras mujeres se animen a subir y encuentren un espacio para aprender. Gabriela comenzó a trepar palmeras de asaí a los 16 años y, tras formarse en la Estación Tahuamanu, pasó a enseñar a otras personas.

Su primera capacitación tuvo 25 participantes, mujeres y hombres. Recuerda que estaba nerviosa, pero logró tranquilizarse y acompañar la práctica. Cinco personas llegaron hasta arriba, un resultado concreto que conserva de esa jornada.

“Yo les digo que sí se puede subir con seguridad”, escribe Gabriela. Su mensaje nace de la experiencia: comenzó como cosechadora, incorporó nuevas técnicas y aprendió a acompañar a otras personas. También conoce los nervios de estar por primera vez frente a un grupo. Haber dado ese paso le permite compartir una convicción: “Todo es posible si uno lo pone en práctica”.

Hoy combina las capacitaciones con sus estudios universitarios y quiere seguir formando a más mujeres. Su presencia como instructora permite que otras encuentren una referencia cercana: alguien que conoce el trabajo de cosechar y que ahora comparte las herramientas para realizarlo con mayor seguridad. Para Gabriela, lo aprendido adquiere otro valor cuando puede enseñarlo.

En Puerto Rico, algunas jóvenes y estudiantes universitarias que participaron en las prácticas comenzaron a preguntar qué necesitaban para convertirse en instructoras. Los especialistas recuerdan ese interés como uno de los resultados de la formación: personas que se acercan a una actividad y empiezan a verse también como capaces de enseñarla. Acompañar ese interés abre una posibilidad de continuidad para TrePando.

“También se les ha enseñado a comunicarse, a mejorar las habilidades blandas”, explica Abraham Poma sobre la formación de instructores, que suma manejo de grupos a los conocimientos de trepado, primeros auxilios y respuesta ante emergencias. Los participantes deben demostrar las prácticas y explicar cómo realizarlas. Según el equipo técnico, contar con instructores locales ha permitido distribuir a los asistentes en grupos y acompañar más de cerca sus ejercicios.

El aprendizaje también ha dejado experiencias que cuestionan las expectativas sobre la edad. Los especialistas recuerdan a un participante de más de 60 años que llegó con su propio método de trepado y que, al principio, se mostraba reservado. Durante la formación incorporó nuevas técnicas y terminó destacándose en un ejercicio de rescate simulado de una persona desmayada en altura, en el que consiguió el mejor tiempo (5 minutos). Su desempeño mostró cómo la experiencia acumulada puede encontrar nuevas posibilidades en la capacitación. El valor de aquella práctica estaba en prepararse para ayudar a otra persona ante una emergencia.

Hugo Luis Vargas, de Puerto Rico, combina esa función con la cosecha de asaí, majo y palma real. En sus testimonios cuenta que incorporó arnés y cuerdas a una actividad que antes realizaba de manera empírica. También destaca decisiones previas al ascenso: reconocer si el fruto está maduro y observar las condiciones de la palmera y del terreno.

“Lo que he aprendido estoy enseñando a los demás”, dice. La experiencia de cosechar le permite compartir con quienes empiezan lo que aprende durante el trabajo, tanto sobre el cuidado de las personas como sobre el aprovechamiento de los frutos sin dañar las palmeras.

La seguridad une estas experiencias. El arnés forma parte de un aprendizaje que incluye reconocer cuándo no subir, observar las condiciones de la palmera y del terreno, cuidar el equipo y prepararse para responder ante una emergencia. Los especialistas insisten en que disponer de herramientas debe ir acompañado de criterio y práctica. La confianza que busca construir TrePando se apoya en esa combinación: conocer mejor el trabajo, reconocer sus riesgos y contar con personas preparadas para acompañarlo.

La palma real abre nuevas oportunidades

El equipo técnico señala que el aumento de la producción y de la demanda de palma real durante 2026 generó un mayor interés por cosecharla en Puerto Rico. Algunas comunidades solicitaron capacitaciones específicas para aprovechar ese fruto. La formación respondió así a una oportunidad económica que comenzaba a movilizar a los productores.

Los especialistas explican que cosechar palma real requiere un sistema distinto del utilizado para el asaí, debido a las características de la palmera y del racimo. Esa diferencia hace necesario adaptar la enseñanza a cada especie y a las condiciones en las que se trabaja.

Hugo también incluye la palma real entre los frutos que actualmente recolecta. Para él, aprovechar distintas especies amplía las oportunidades de trabajo según sus temporadas. Pero identifica una tarea pendiente: contar con compradores constantes. Describe semanas en las que hay compra y otras en las que no, y plantea buscar más destinos para los productos.

Cuidar una palmera es sostener las próximas cosechas

La conservación atraviesa la formación porque las palmeras tienen valor para la vida cotidiana de quienes cosechan. Hugo vincula el ingreso que recibe con la necesidad de proteger las plantas: enseñar a aprovechar sus frutos también implica explicar por qué deben mantenerse en pie.

Los especialistas recuerdan la preocupación que generó entre productores una noticia sobre la tala de palmeras de palma real en Puerto Rico. Para ellos, esa reacción muestra que las personas reconocen lo que está en juego: perder una palmera también significa perder futuras cosechas. El interés por aprovechar el fruto puede convertirse en una razón concreta para cuidar su fuente.

Sostener ese vínculo necesita continuidad. El equipo plantea volver a las comunidades y profundizar las buenas prácticas durante la temporada de cosecha, cuando pueden demostrarse el manejo de los racimos y los cuidados que influyen en la calidad del producto. La evaluación de las condiciones antes de subir y el mantenimiento del equipo forman parte de ese trabajo.

Las experiencias de Gabriela y Hugo muestran resultados que ya tienen una expresión cotidiana: personas que se animan a participar, aplican conocimientos y acompañan el aprendizaje de otras. Con más mujeres y jóvenes interesados, y nuevas oportunidades alrededor de la palma real, el siguiente paso es sostener la formación y conectarla con mercados que permitan seguir viviendo de los frutos del bosque.


 
El proyecto #PandoVerde es una iniciativa co-financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la #PlataformaAmbientalSueciaUE (Acuerdo de Fondos de las Delegaciones de la Unión Europea y Suecia en Bolivia – ASDI/UE) y Conservación Amazónica – ACEAA. 
 
 
El proyecto «Políticas locales de la sociedad civil para la conservación y manejo del bosque amazónico de Bolivia» cuenta con el apoyo de la Agencia Francesa de Desarrollo AFD. Las ideas y opiniones expresadas en la presente producción son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la AFD.
 

 
 

Escrito por: Emma Rada Conservación Amazónica- ACEAA.

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