La casa que sostiene la vida. Parte I | Un viaje por los espacios de conservación de Pando 

En el norte amazónico de Bolivia existe una casa que muy pocas personas conocen realmente. Una casa inmensa donde el 93% del territorio permanece cubierto por bosque en pie, sosteniendo agua, biodiversidad, culturas, economías y una de las mayores riquezas naturales del país. Esa casa se llama Pando. 

Durante años, el imaginario colectivo la redujo a un territorio lejano, vacío o inaccesible. Pero basta recorrer sus caminos para descubrir otra realidad: aquí el bosque no es un paisaje inmóvil, sino un territorio habitado, trabajado y cuidado. Una casa viva. 

Esta es la historia de ese recorrido. 

Donde conservar también es vivir 

El bosque amazónico no es solo un conjunto de árboles. Es un sistema que sostiene la vida de miles de personas y también la nuestra. En la Amazonía se regula el agua, resguarda una biodiversidad extraordinaria y sostiene economías familiares que han aprendido a convivir con él sin agotarlo. 

Ese equilibrio se refleja en una red de espacios de conservación con distintas categorías y niveles de gestión. Como parte del proyecto de Conservación Amazónica ACEAA apoyado por Andes Amazon Fund (AFF), esta expedición recorrió áreas nacionales y subnacionales que, aunque responden a diferentes modelos de administración, comparten un mismo propósito: conservar el bosque mientras las comunidades viven, producen y construyen futuro. 

Entre ellas están la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, áreas naturales de manejo integrado, espacios municipales como ANGICAB y otras iniciativas que fortalecen la gobernanza territorial desde las propias comunidades. 

El recorrido atravesó el ANMI Bosque de Porvenir visitando la comunidad de Trinchera, el Área Natural de Gestión Integral de la Cuenca del Arroyo Bahía (ANGICAB), la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, el BAMI Puerto Rico, ANMI Lagos de San Pedro, ANMI Bosque Escondido de Ingavi y la comunidad Humaythá, BAMIT Río Negro, visitando las comunidades Tres Hermanos y Nueva Esperanza que se encuentra en l Reserva Departamental de Vida Silvestre Bruno Racua. 

Más que puntos en un mapa, cada uno es una habitación distinta de esta gran casa amazónica. 

Las primeras puertas de esta casa 

La primera puerta se abre en el ANMIB Porvenir, a poco más de 55 kilómetros de Cobija. 

Basta cruzarla para descubrir que el bosque no es silencio ni está en soledad. Entre la humedad, los árboles y el canto constante del bosque aparecen sonrisas, manos extendidas y una hospitalidad que hace sentir al visitante como si regresara a un lugar conocido. En la zona de influencia del Área Natural de Manejo Integrado Bosque de Porvenir, que protege más de 31.000 hectáreas de bosque amazónico, las familias han encontrado en la promoción turística, en la castaña, el asaí, el majo y la palma real una forma de vivir que entiende una verdad sencilla: el bosque vale más cuando permanece en pie. 

La siguiente puerta conduce a uno de los espacios protegidos más emblemáticos del país: la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi. Aunque muchos no lo sepan, casi todos los bolivianos han visto una parte de ella. El lago Bay aparece en el reverso del billete de 20 bolivianos y, donde la ilustración muestra un toborochi, en realidad se alza un imponente árbol de tipa (Tipuana tipu), recordándonos que el bosque siempre es más extraordinario que su representación. 

Con más de 7.400 kilómetros cuadrados, Manuripi es uno de los territorios de conservación más importantes de Bolivia. Allí, el guardaparque Jefferson Gonzales encontró su hogar cuando apenas tenía 21 años. Desde entonces, cuidar el bosque dejó de ser un oficio para convertirse en una forma de vida. 

Recorrer un territorio tan extenso exige coordinación permanente, largas jornadas y un compromiso que va más allá del oficio. Para Jefferson, cada día confirma una certeza: el bosque permanece porque hay personas que decidieron dedicar su vida a cuidarlo. 

La tercera habitación demuestra que la conservación también comienza donde nace el agua. ANGICAB, el Área Natural de Gestión Integral de la Cuenca del Arroyo Bahía, es el único espacio de conservación del municipio de Cobija. Desde allí se protege el principal sistema natural hídrico que abastece a la ciudad, recordándonos que el bienestar urbano depende, muchas veces, de un bosque que casi nadie ve. 

Miriam Lozano que habita en ANGICAB lo resume en una sola frase: 

«Sin el arroyo Bahía, Cobija no tendría agua sana.» 

En ANGICAB, proteger el bosque también significa proteger el agua. Los productos forestales no maderables y la conservación de la cuenca forman parte de una misma apuesta: asegurar que ese bosque siga abasteciendo de vida a las generaciones que vienen. 

Ingresar a la cuarta habitación es ver la capital ecológica de la Amazonía boliviana, el BAMI Puerto Rico, y con ella el rostro también se hace más joven. 

Alejandro Novoa recuerda que, cuando apenas tenía 17 años, impulsó junto a su comunidad la decisión de rechazar un modelo empresarial que poco respondía a las necesidades del territorio y apostar por fortalecer la producción comunitaria de asaí (Eurterpe precatoria). Hoy, con la experiencia de ese camino recorrido, resume el sentir de toda una generación: 

«A la Amazonía la considero mi casa. Siempre dicen que los jóvenes somos el futuro… y no, también somos el presente y podemos hacer cambios hoy.» Su voz recuerda que conservar también es elegir cómo construir el desarrollo de una comunidad: un futuro donde el bosque siga siendo la base de la vida y no el precio del progreso. 

En la Parte II 

Seguiremos adentrándonos en esta gran casa para conocer Tres Estrellas, comunidad que forma parte del ANMI Lagos de San Pedro donde la pesca sostenible del paiche (Arapaima gigas) contribuye al equilibrio de los ríos amazónicos; navegaremos hasta otras comunidades , donde más de 200 familias demuestran que el bosque también es futuro; visitaremos Humaythá, y Nueva Esperanza,  comunidades que son parte del BAMIT Río Negro y del ANMI Bosque Escondido de Ingavi, territorios donde la castaña, el asaí, la organización comunitaria y la conservación dibujan una nueva forma de entender el desarrollo. 

Y este será solo el comienzo. Porque Pando no es un vacío. Existe en grande, sostiene vida y merece ser recorrido, comprendido y conservado. 

 

 

Escrito por: Emma Rada- Conservación Amazónica ACEAA

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