Don Abraham lleva cuatro décadas pescando. Aprendió a reconocer los peces por el movimiento del agua, a fabricar sus propios implementos y a vivir del río. Hoy quiere que ese conocimiento llegue a nuevas generaciones y que la pesca siga generando oportunidades, pero con una condición: que la Amazonía tenga futuro y no se termine.
A veces don Abraham no necesita ver al pez, le basta escuchar.
Después de 40 años como pescador, puede distinguir por el golpe del agua qué especie está cerca de la orilla. Si navega y ve un pez saltar, sabe qué tipo de malla necesita. Fabrica sus propias tarrafas, mallas y espineles y conoce las temporadas y formas de pescar de cada especie. “Soyprofesional, pero sin documento” bromea.
Tiene 58 años, empezó a pescar a los 18 en Cachuela Esperanza sobre el río Beni. Probó otras ocupaciones, incluso trató de sostener el de ganadería de su padre, pero en la pesca encontró una manera de construir su propia vida. “Me gusta trabajar y también conservar” dice. Ciertamente, para él las dos cosas nunca estuvieron separadas.
Gran parte de lo que don Abraham sabe lo aprendió pescando. Recuerda, por ejemplo, que anteriormente, durante esta época, se podía navegar por el río Orthon con mayor facilidad. Ahora existen sectores menos profundos donde las embarcaciones deben buscar el cauce para continuar.
También ha visto disminuir especies. Por eso insiste en mantener una pesca que permita que los peces continúen reproduciéndose y de priorizarla pesca de especies invasorascomo el paiche (Arapaima gigas). Para él, conservar significa comprender que no se puede terminar hoy aquello que otras personas necesitarán mañana.
Cuando llegó a Puerto Rico, Pando en el año 2000, don Abraham ya conocía las dificultades de construir un oficio prácticamente solo. También había insistido en formar una asociación en Cachuela Esperanza, por eso comenzó a conversar con pescadores locales sobre la necesidad de organizarse. “No soy profesional, ni abogado, ni nada, pero no tengo vergüenza de hablar”, recuerda haberles dicho.
El 2004, nació la Asociación de Pescadores de Puerto Rico y, aunque Abraham ni siquiera estaba presente en la reunión ese día, sus compañeros lo eligieron presidente. “Te pusieron de presidente”, dijo su hermano y Abraham respondió con una frase que todavía inspira un brillo en sus ojos: “ya estamos en el burro, vamos a hacerlo andar”. Durante sus gestiones consiguieron personería jurídica y avanzaron en la construcción de un espacio que se convirtió en la sede de la organización.
Aprovechar mejor, no solamente pescar más
Hoy uno de los principales desafíos está en agregar mayor valor a lo que ya producen. El paiche es un ejemplo. Existe un mercado para su carne, pero don Abraham sabe que ese pez puede aprovecharse mucho más.
Hace años participó en una iniciativa que estudió alternativas para utilizar la pulpa, el cuero y las escamas, incluso otros restos para elaborar alimento balanceado. El primer encuentro de experiencias de productoras asociativas de Pando y Beni, organizado por Conservación Amazónica- ACEAA, en el marco del proyecto AAF 10, y la visita a la fábrica de cueros de Suzaño le mostró que aquello puede convertirse en nuevos ingresos para las familias y permitir un aprovechamiento más integral de cada pez.
Esa es la mirada que dialoga con el trabajo que Conservación Amazónica impulsa junto a actores locales para fortalecer el manejo y aprovechamiento sostenible de los recursos pesqueros.
Cuando imagina los próximos cinco años, don Abraham inmediatamente habla de la juventud. Quiere transmitirles lo que sabe para que no tengan que comenzar desde cero. Sueña con una organización más fuerte, una sede con mejores condiciones y una fileteadora que permita a los propios pescadores procesar y comercializar su producto. Ese deseo también alcanza a sus hijos: uno de ellos pesca y una de sus hijas lo hace para generar ingresos extra.
“El ser profesional y botar un anzuelo no les quita nada”. Habla con orgullo. Después, dice entre risas, puede volver a casa, bañarse, ponerse perfume y continuar siendo la misma profesional “El trabajo es digno” concluye. Y sí, lo es.
En Puerto Rico ha enseñado a otras personas a tejer tarrafas, fabricar mallas y repararlas. No cobra por hacerlo; solo pide que exista interés.

Una Amazonía que tenga futuro
Después de cuatro décadas sobre el agua, don Abraham sabe que avanzar no es extraer más del río. Quiere mejores mercados, infraestructura y oportunidades para los pescadores. Quiere que sus hijos, las y los jóvenes lleguen más lejos que él. También quiere que sigan encontrando peces que puedan navegar esos mismos ríos y seguir aprendiendo de ellos.
Por eso, cuando se le pregunta qué significa una Amazonía próspera, habla primero de desarrollo.
De ir adelante, pero inmediatamente completa la idea:
“Tenemos que ir para adelante, pero también cuidándonos. No terminarla para que los otros la conozcan”.
Tal vez allí se resume buena parte de lo que cuatro décadas de pesca le han enseñado: trabajar con la Amazonía es hacerse responsable de su futuro. Porque don Abraham no quiere dejar solamente una asociación, una fileteadora o un oficio. Quiere dejarnos la posibilidad de seguir, seguir pescando, seguir viviendo y seguir disfrutando.
En sus palabras sabias: “una Amazonía prospera es una Amazonía que tenga futuro, pero también que no se termine”.
Escrito por: Emma Rada, Conservación Amazónica- ACEAA






